Siempre he defendido a la buena gente de los poemas de Otero, esa que se gana la vida como puede y que simplemente por eso merece todos los respetos; que a nadie se le puede juzgar por su estética y que al fin, todas las criaturas son hijas de Díos Nuestro Señor y por tanto, todos somos iguales.
Después de asistir sufrir anoche una boda de canis, creo que me replantearé algunos conceptos sobre la fraternidad humana y la igualdad de los hombres.
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Etiquetas: palabras













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[...] con una rapidez de reflejos embolsando cigalas digna de un estudio. Ahora hay bodas para todos los gustos. A lo mejor me animo y cuento la nuestra, que fue de todo menos alegre. [...]