Vamos llegando al final, a trompicones, pero llegamos. Mañana laboralmente peliaguda, solucionada de la mejor manera posible (esperemos a lunes) que nos trae una siesta reparadora hasta cerca de las 21 horas; monodosis de cafeína en forma de lata de refresco con dos huevos hechos tortilla me regresan al mundo de los vivos.
Quinteto de metales. Primera parte con Bach, Heandel e Ian Mcdonald (ex-teclista de King Crimson). Segunda parte Richard Roblee, Enrique Crespo y la música de «El Golpe»; como bis tocaron «Agüero». LLeno en el patio del conservatorio, calor climatológico. Creo que no me se comportar en un concierto de música «culta» (es como la llaman los promotores del concierto), para mi la música es un divertimento y me muevo al compás de la misma, pero observo consternado (y algunas veces avergonzado), que los asistentes no mueven ni un músculo de la cara. Les debe resultar muy dificil a los interpretes averiguar durante la ejecución de cualquier pieza el grado de satisfacción de los espectadores ya que estos, por lo que observé anoche, no reflejan ningún tipo de sentimiento, salvo al llegar a los aplausos, que eso si lo hacen bien, respetan los movimientos de cada pieza y no aplauden en la pausas (por el contrario en la Fenice aplauden cuando quieren). Contribuyo a la causa.
Poca feria. El Facha no aparece. Hoy: Comida de Feria II, esperada con ilusión. Se nota en el ambiente el final de la feria, hay un estado latente de melancolía que nos indica el final de verano y que dará la cara, si Dios no lo remedia, el domingo.
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Etiquetas: feria













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