Que difícil es encontrar la inspiración.
Sobre todo cuando ves que nadie lee esta bitácora.
Pero bueno siempre hay algo de lo que escribir, pero sobre todo, siempre hay algo de lo que no escribir: de política (hay muchas bitácoras de política, hay casi tantas como programas de radio de pop español en los años ’80); de…, no se, de política…, me aburre, no la política, me aburre explicar mis ideas, son mías; últimamente utilizo muchos compartimentos, de mis cosas, digo, de mis ideas, de mis gustos, de mi cabeza en definitiva; muñecas rusas, matriuskas de esas, en vez de compartimentos, al final llego a una muñeca que no quiero abrir, o que la abro solo a quien yo quiero.
Ultimamente me gusta mucho la etnografía. Me llaman mucho la atención los documentales de Eugenio Monesma, que tratan fundamentalmente de oficios perdidos, oficios que los que nacimos en los años 60 y somos de pueblo, hemos conocido la mayoría, sobre todo los de la faenas agrícolas, me agrada también mucho la narración por que explican la faena, el trabajo, o lo que sea, sin juzgarlo.
Es increible, si lo pienso, que yo he trillado y ahora estoy tecleando un ordenador. Yo no se si habrá alguna época de la humanidad en la que hayan visto tantos cambios y que una generación se adapte como nos hemos adaptado nosotros. Lo que me trae la descripción que mi abuelo hizo del radiocassette del coche de mi tio:
Un tio mio dejo el campo y se metió a representante, en poco tiempo y gracias a su trabajo lo hicieron jefe de ventas y le dieron un coche de más categoría que el que tenía antes. Le dieron un Seat Ronda y antes tenía un R4 furgoneta. Pues bien, el primer domingo que tuvo el coche nuevo en su poder, mi tio se llevo al abuelo a que “viera las viñas” y estuvieron por el campo todo el domingo por la mañana. Al regreso, le interpelé a mi abuelo:
- Abuelo, ¿que le ha parecido el coche del tío?
- Es muy hermoso (me respondió) y mu güeno y le metía tu tío unas cajas en una raja y cantaban.
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Etiquetas: palabras













[...] Hay que ver, yo creo que esto es más grande de lo que nunca imaginamos, quiero decir todo esto de la web 2.0, las redes sociales, los blogs o cuadernos de bitácora; incluso la evolución que han tenido, antes solo eran meros diarios. A lo mejor no valen para nada, pero, como digo, nunca lo habría imaginado, sobre todo la capacidad para llegar a un número determinado de personas diariamente y encima que te sigan y te lean. Es increíble. A la generación a la que pertenezco, de niños, siempre no gusto predecir lo que pasaría en año 2000 (eramos sin saberlo milenaristas), la ciencia ficción estaba de moda y recuerdo que había una revista de cómics que se llamaba 1984, como la novela de Orwell, y parecía una fecha inalcanzable. De lo que imaginábamos, nada se ha cumplido, o por lo menos como lo creíamos en aquellos años: los robots, los coches sin ruedas, los trajes grises metalizados, vivir en la luna o en el fondo del mar, los extraterrestres. Pero esto, la comunicación total, que cualquier persona en el mundo con un terminal pueda tener alcance a lo que escribo (yo y cualquiera) es la mayor revolución tecnológica y cultural que han conocido los tiempos. (Pronto me pasará como a mi abuelo). [...]