La calle de Santa Rita es una calle de Tomelloso que empieza en la Glorieta de María Cristina (o en la calle Lepanto, según se mire), plana, recta y de altas aceras. Es una rúa bien de ancha que se estrecha (aunque poco) al desembocar en la avenida de Don Antonio Huertas. Se le puso el nombre de la patrona de los imposibles el 17 de Diciembre de 1883, a la calle que iba desde el cementerio viejo hasta el camino de las canteras. El día de Santiago de 1902 el Ayuntamiento acuerda construir en los terrenos del cementerio viejo una glorieta, comprando solares si fuese necesario y abriendo suscripción. Doña Crisanta Moreno hace la donación más cuantiosa por lo que la glorieta lleva su nombre hasta el fallecimiento de la Reina Madre y antes regente, María Cristina de Habsburgo-Lorena en 1929, dedicándole el jardín a la egregia morava. La avenida de Don Antonio Huertas, anteriormente se llamó Paseo de Circunvalación, empezado a construir en noviembre de 1917 como primer rodeo de la ciudad, desde la prolongación de la calle Don Víctor (ahora paseo de San Isidro) hasta la calle Doña Crisanta. Años después se le dedicó la vía al Sr. Huertas, profesor de instituto fallecido en accidente de tráfico. No recuerdo que en la calle de Santa Rita hubiese faroles; hubo un alcalde en tiempos de la última dictadura que ornó con fanales de forja la calles donde vivía algún concejal, dejando el resto de las arterias con una pelada bombilla, cada tanto, en el centro de la carrilada suspendida de un cable. Si la recuerdo adoquinada y de dos sentidos. Esta calle la he recorrido a pie diariamente desde octubre de 1978 hasta agosto de 1990 (y aún ahora, más esporádicamente). Primero durante mis años de Formación Profesional (los de bachillerato, a pesar de estar casi juntos los institutos se iban por otra calle, paralela, la de Santa Catalina, también italiana y fallecida un año antes del nacimiento de la santa de Cascia), de lunes a viernes; para ir a la discoteca que frecuentábamos los fines de semana había que recorrer entera la calle. Tras el instituto, los años de noviez: Mari Carmen vivía en una bocacalle del citado vial. Al poco de empezar a recorrerla descubrí en la acera de la derecha, la de los pares, en la casa de Francisco el de los billares, que está casado con una prima segunda mía, en la tapa metálica de una lumbrera, grabada una estrella de cinco puntas con la inscripción «¡Viva la República! 19-07-1936», que me llamó la atención y que pasó desapercibida durante cuarenta años. No se si todavía estará. A ver si me fijo.
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