En una librería de viejo compré hace algún (bastante) tiempo un libro (que aún poseo: lo tengo delante) de Ramón Gómez de la Serna, «El Circo», Colección Austral, edición de 1968 (el ordinal en la colección es 1400, redondo número que recuerda el coche de Antonio el Candojo y sus inmensos pies, que parecían catafalcos según mi abuela). Una delicia en el que por medio de las greguerías nos ofrece, el sin par Ramón, su visión dulce y enamorada de este espectáculo actualmente venido a menos; en la primera línea confiesa que su verdadera profesión es la de cronista de circo.
Durante todo el libro describe el circo, los artistas, el público, los animales, los descansos, el inicio de la temporada, etcétera. Los Fratellini, célebres payasos, escribieron el prólogo en el que se puede leer: «Este Ramón, ilusionista español, quita el colorete a los actores del circo y nos coloca a nosotros -¡por una vez!- en el sitio de los espectadores.» Me gusta el circo, me encanta esa decadente melancolía que transmiten sus números, su música, los clowns que parece que vayan a llorar: «es el que sostiene el circo y quizá sostiene la vida, siendo lo que más consuelo nos da el que después de nuestra muerte ellos continuaran sus payasadas» . El primer circo que vi fueron unos húngaros (como se decía entonces) con una cabra, una escalera y una trompeta, (Gerardo, saluda al público). Luego, en Valencia, asistí impresionado al Circo Americano con sus tres pistas, nos regalaban una banderita a la entrada; trapecistas, leones, el hombre bala, escenas del oeste, era como ver en vivo «El Mayor Espectáculo del Mundo», pero sin Charlton Heston. También fuimos al de los hermanos Tonetti y al Circo Ruso. Al regresar a las manchegas tierras volvimos a los circos de la cabra, a los verdugones en los caballos y a las famélicas fieras (cuando había). Desde hace algunos años (quince o veinte) acuden de tanto en tanto, circos que no están mal, uno de los mejores fue el Gran Circo Mundial con José María Jiménez como domador y estrella, tristemente fallecido en accidente de tráfico en el 2002 con 27 años. Nada mejor que la fiesta de Reyes (el mejor día de la Navidad), para evocar al circo.
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Yo tuve una admiración especial por Charley Rivel…
Salu2sss Colorín…..