Me estoy planteando la posibilidad de realizar (como los maderenses) una inútil e interminable colección. No sería de pucheros de Sèvres (a lo mejor puchero no pega con Sèvres), ni de las marinas pintadas por Afonso el caboverdiano de la Plaza del Comercio a las que tan aficionados son los madeireños (este negro tuerto de un ojo, siempre retrata el mar en el mismo instante, variando solo la posición del sol y por tanto la luz en la pintura). Sería de concejalas (y si fuese necesario concejales) en el instante mismo, casi siempre una rueda de prensa, de entrar en éxtasis verborreico y gestual. Admirables visajes, admirables frases, admirable tesón por salvar al orbe desde un pueblo de quinientos habitantes.
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