La pronta mañana viene cargada de culpas. De promesas solo pensadas, no vaya a ser que despertemos a todos. Preguntas de fácil solución y rebuscada respuesta que busca (la respuesta) que la falta sea de otro, De nuevo promesas. Y culpas. Por fin, doy con la clave, es fácil como decía. Pienso en terribles palabras como «nunca» y «siempre» mientras me aseo. Ya vestido y contento, pues he encontrado el arreglo a mi vida, no beber, salgo a la calle. En el coche reitero las promesas con renovada ilusión, por fin voy a acabar con este suplicio. Paro donde siempre y pido el café de siempre. El camarero me pone la copa de siempre (o yo se la he pedido) que bebo de un trago, como siempre, aplazando hasta mañana la conclusión de este infierno. Durante dos mil mañanas.
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Etiquetas: palabras













Cuando coges hábito de algo luego cuesta desfacerse de los entuertos que ese hábito te produce. Con el tabaco pasa igual, con lo malo que está y la gente continúa fumando. Como si lo necesitáramos para seguir, coñe… Y en realidad la fuerza está en el ombligo.