Don Luis era un cura de los de antes, andaluz, con finca, sotana hasta los pies y siempre con el alzacuellos desabrochado; párroco. Don José era de Tomelloso, aparcó el arado y cogió los libros; entró mozoviejo en el seminario, siempre con clergyman gris (solo la camisa, blanca por detrás, del sudor) en verano se cubría con un panamá; el coadjutor.
Paseaban juntos por la glorieta. Don Luis era medio metro más alto que Don José y doscientos millones de pesetas más rico que el; Don José era hijo de un picholero y se había metido al seminario, según decían en su pueblo, por no doblar. Paseaban juntos, como digo, por la glorieta y hablaban. La jubilación de D. Luis estaba cera y le daba consejos a su segundo de como llevar la parroquia; el, que llevaba cincuenta años desasnando tripudos y que había pasado de decir la misa en latín y de espaldas a decirla en esta lengua nuestra que es para cualquier cosa menos para decir una misa y de frente, viendoles la cara y el bigote.
- Atalos cortos, José, que son comunistas, mucha misa y muchos golpes de pecho, pero estos son todos comunistas, que los tengo calados.
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Etiquetas: argamasilla, cura, iglesia













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