Hablando de paradojas, resulta cuando menos curioso que la Iglesia dedique la festividad de San José a conmemorar el día del padre, cuando por todos es sabido que el verdadero padre de Nuestro Señor es Dios y que el anciano carpintero solo fue putativo, asumiendo, no obstante, el rol de padre verdadero del Mesías niño y joven. A lo mejor no es una paradoja sino que está puesto así con toda la intención de reafirmar la bondad del viejo artesano ¿quien sabe? los caminos del Señor son inescrutables. Los valencianos están celebrando las fallas, fiesta de mucho andar para los ajenos que quieren ver el mayor número de monumentos en el menor tiempo posible y de mucho disfrutar para los falleros. Me gustan las fallas como casi todo lo valenciano. Es la fiesta que mejor ilustra el carácter de los levantinos: todo para pólvora; mañana será otro día; la vida es corta o arroz y tartana. Hay que disfrutar pues estamos aquí de visita y cada día que amanece es algo de agradecer. Hay quien afirma que los míticos primeros pobladores del Tomilloso vinieron de Valencia, puede que sea cierto, pero la extroversión del carácter nos la dejamos en nuestro peregrinaje a esta tierra de promisión seguramente en Sisante, poco tiene que ver nuestro ascetismo estepario con la fiesta y la simpatía valenciana; incluso la hospitalidad de la que hacemos gala (dime de lo que presumes…) ha dado lugar al famoso aserto: «Los huéspedes y la pesca/a los tres días apestan». ¿Como son capaces los valencianos de distinguir la calidad de una mascletá u otra? Cuando después de haber perdido el sapo de la oreja por las explosiones, el sentido del olfato por el olor a pólvora y el de la vista por el humo, oyes al de al lado afirmar la mejoría de ésta con respecto a la de ayer (en la que tú forastero sufriste los mismos síntomas que avui), te quedas sin palabras. Cosas que pasan en la fallas. Y venga a desfilar comisiones falleras. Y cada una con una banda de música, tocando. Cada falla una banda. Y eso solo en Valencia capital. El año pasado estuvimos viendo las fallas con la niñas el domingo antes de San José. La plantá fue la noche de antes y nosotros llegamos temprano a Valencia, a las nueve de la mañana estábamos viendo fallas, por el centro, en el Pilar y el Carmen. Aun no habían pasado los camiones de la limpieza y el olor a alcohol y a fluidos humanos era insoportable, poco a poco (conforme las mangas hacían su trabajo) fue menguando nuestra gana de devolver y echamos la mañana viendo fallas. Vimos la mascletá y nos fuimos a la playa a comer unos bocadillos que ex-profeso llevábamos para no gastar mucho y estuvimos viendo las instalaciones de la Copa del América. Después nos fuimos a El Puig a que vieran mis hijas donde vivió su padre y regresamos. Lo pasamos bien. Eran fallas.
P.S.
Uno de los pocos himnos que me erizan el cabello:
Y como estamos en fallas…
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