Regreso de nuevo tras una avería en el ordenador que ha durado tres días, con cambio de disco duro e intento de recuperación de los datos del viejo (y roto) satisfactoria (creo, estoy comprobandolo). Gracias por vuestros comentarios y visitas, me halaga mucho que me lean, me hace muy féliz. He encontrado un refugio, un consuelo y una salida a mis inquietudes escritoras en esta vuestra bitácora. Gracias.
Mi abuela decía Jesusalen por Jersusalen, se ve que pensaba que el nombre se lo habían puesto a la ciudad por Nuestro Señor. La Juana, la Coleta, decía Mariadolid, ( ¿como dices Juana?, Maria-dolí, ¿es que estais sordos?) y nos reiamos de ella, fué el primer año de vendimia en regla. Con los Peronas. Veinticuatro días y medio de vendimia a mil pesetas, veinticuatromil quinientas pesetas, nos buscaron por que se le habían apreado las viñas. A nosotros, tres, de los que ya solo quedamos dos y a la Juana, era ya muy vieja la mujer, madre soltera, lo de Mariadolid lo decía a cuenta de una, que por lo visto se había ido a esa ciudad a hacerse fotos de esas de los almanaques. La familia y la perra, una galga (¿o era podenca?) que se llamaba Nadia en honor de la heroina de Montreal, completaban la cuadrilla. No vinimos al pueblo en toda la vendimia. Recuerdo que los ajenos conspirabamos despues de comer, por la mañana gachas (veinticuatro), alguna liebre o conejo que mataba la perra con arroz; guisaba la madre, fué criada de la casa y se casó con el hijo mayor que era el padre de mi amigo. Cosas de entonces.
Lo que quería decir era lo de mi abuela, que decía Jesusalen por Jerusalen, pero el olor a mosto , me ha hecho recordar la primera vendimia en regla
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Los olores son, según dicen, los más potentes activadores de la memoria. Quizá porque es el primer sentido que usamos cuando nacemos.
Los olores y la memoria. Desde que no fumo huelo mejor (hasta percibo mejor los olores…)