A primera hora de la tarde, en la lejanía brillan los molinos de Alcázar gracias a un rayo de sol que se cuela por entre los negros nubarrones, presagio de tormenta; estos ingenios, blancos e inmaculados, recién enjalbegados y restaurados dan una imagen muy manchega del cerro de San Antón, hay una zona en la autovía de los viñedos, a una determinada distancia, yendo hacia Alcázar que se divisan en lo alto, los molinos y el pueblo de Criptana, los molinos de Alcázar y los de Herencia. La llanura cubierta de viñas, ya podadas y aradas la mayoría, casas de labor moteando (de blanco en este caso) el paisaje. Las puertas de las casas de las viñas siempre están encaradas hacia el mediodía, para que entre la luz a la habitación durante el mayor tiempo posible, se conoce que los que se hacen casas nuevas parecidas a los chalets no lo saben ya que ponen las puertas hacia el cierzo, o a lo mejor es que en la construcción las cosas son distintas a las de la agricultura. Con haber hecho la autovía ya no se pasa por La Alameda de Cervera, que es una pedanía de Alcázar y que está a la mitad del camino, antes con la carretera convencional había que atravesar la aldea. Mucha gente de Tomelloso tiene las viñas en la Alameda y entre esta y Cinco Casas (otra aldea de Alcázar), tierra mala y pedregosa, ahora con agua, que era la única que se podía comprar en los tiempos de la expansión agrícola del pueblo (la única que vendían). Está el Bar de José Ángel, muy concurrido por los agricultores de Tomelloso (en La Alameda, digo), le dicen «el casino» y antes tenía en la fachada una placa metálica azul con letras blancas que ponía «TeleClub»; al lado hay un colegio que no se si funcionará y que el edificio es exactamente igual que el del «José Antonio» cuando yo asistía, se ve que tenían moldes para hacer las escuelas. Enfrente hay algo de Telefónica, como una caseta donde deben estar conectados todos los teléfonos de la aldea. En La Alameda, la mayoría de las casas están enjalbegas y con el zócalo pintado de añil. A la salida cruza el cauce seco del Guadiana y antes de llegar hay un puente de piedra en lo que sería el antiguo cauce del río, pequeño más bien, pero bonito. La rueda Catalina es una rueda dentada que esta en en el eje de las aspas del molino, con una ligera inclinación y que transmite el empuje de las aspas a la linterna que es otra especie de engranaje que transmite la fuerza de la rueda Catalina a la piedra volandera, que es de las dos piedras del molino la que se mueve, la de arriba; la de abajo, la que no se mueve, se llama piedra solera. Según cuenta García Pavón en la «Historia de Tomelloso», en 1868 había en el pueblo dos molinos de viento, antes ninguno. Los ventanucos que hay debajo de la cubierta movible del molino, servían para que el molinero supiese de donde venía el aire y poder mover la cúpula cónica del mismo con el palo de gobierno, que es ese poste largo que parece que sujeta el edificio. Solano (hondo, alto, fijo), ábrego cierzo, toledano, calderino; ocho ventanucos equidistantes y si el molinero no sabía de aires, disponía de un catalejo para ver como orientaban las aspas los vecinos. El ábrego es el viento del suroeste, templado, portador de lluvias, es nuestro aire, el que trae el agua. El solano, es el viento de levante, provocado por la radiación solar, frio a primera hora del día y sofocante cuando este va entrando, nos calcina, nos seca, todo lo achicharra, hace que no granen bien los cereales; es el peor viento. No dice Pavón donde estaban los molinos de viento en el pueblo, pocos oteros hay en nuestro término. Tarde invernal, cielo del Greco, mucho aire (del oeste), viñas podadas, paisaje manchego (antes, cuando niño, me mareaba en el coche al seguir con la vista la perpendicular de los hilos de las viñas -las hileras de vides-, se me abrían como un abanico en la ilusión óptica creada por la velocidad del coche) que siempre es el mismo.
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Etiquetas: costumbres, paisaje, tomelloso













Es un bello anecdota especialmente porque se relaciona mucho con la naturaleza, podria caber en un poema
Saludos