Yo hasta entonces no había visto las piteras.

Fue en Valencia, en El Puig, a principio de los setenta, cuando nos fuimos a vivir allí. Era una mañana de verano, cerca de mediodía, subimos a la montaña por un camino de cemento que serpenteaba, el calor era insoportable, sobre todo la humedad.
Había muchas piteras al borde del camino, altas, majestuosas, con esa inclinación característica. Las cigarras cantaban. Había casitas blancas: las canteras, por los visto era el barrio de los gitanos, aunque yo en el tiempo que vivimos allí no vi a ninguno. Nos podía haber salido al paso de cualquier recodo del camino Ana Magnani preguntando a grito pelado ¡¡¡¿ma che cosa fai?!!! y moviendo la mano.
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