Observo con la placidez propia de la hora como unas nerviosas tórtolas construyen o mejoran su nido, palote a palote, sobre una morera, mientras desde una cabina ejecuto el penúltimo alegato telefónico. Alargando aún más (si cabe) este cáliz que nadie (ni mucho menos tú, padre) aparta de mi. Pronto va a empezar la media veda (falta menos de un mes) y las tórtolas, las codornices, las palomas y otras especies de dos patas van a caer acribilladas, por montones, por parvas. Mal final tiene la sangre en verano, como está tan licuada sale a chorro vivo, barruntando más, mucha más.
Entradas parecidas
Imprimir Entrada














Comentarios Recientes