Triunfó tarde, las cosas le empezaron a salir medio bien pasada la primera treintena de su vida; luego fue sencillo, una cosa le llevaba a la otra y casi sin darse cuenta estaba en la cima. La suerte, el estar en el sitio justo en el momento preciso, saber elegir (suerte, también), los clientes, su dedicación, las ayudas recibidas (pocas para él, muchas para los demás), en menos de diez años obtuvo en una posición admirable. Pensaba que no le debía nada a nadie, estaba donde estaba solo por él. Llegó a la conclusión de que su inteligencia era superior a la de casi todo el mundo, si no ¿como era posible que en tan poco tiempo hubiese llegado donde estaba?, con los estudios mínimos, sin carrera, habiendo disfrutado de su juventud y otros toda la vida trabajando y clavando los codos para ser unos simples empleados. Era él. Estaba seguro, ¿cuantos antes habían intentado lo mismo y no lo habían alcanzado? Incluso había observado un hecho que confirmaba todo lo anterior, cuanto más dinero amasaba, cuantos más empleados le servían, cuanto mejor le iban las cosas, su brillo aumentaba, su inteligencia crecía, sus chistes hacían más gracia, sus opiniones contaban más; en su familia, que antes lo denostaban, ahora lo trataban como al jefe del clan: lo que él decía iba a misa. Incluso la familia de ella, que tiempo atrás lo tuvieron incluso en menos aprecio que lo suyos, lo consideraban y poco a poco también se estaba convirtiendo en el yerno modelo. La vida le sonreía, le había sacado todo a la juventud, no se había privado de nada y ahora en la madurez, no le faltaba nada. O casi.
(¿A que parece un melodrama? Pues esperad las siguientes entregas)
P. S. De cuando entonces (la música)
Entradas parecidas
Imprimir Entrada













Seguiré leyendo, pinta bien.